Seguro que llevas años cuidándote, entrenando con constancia, comiendo bien, descansando lo mejor que puedes…
Has aprendido a organizarte, a incluir el deporte en tu vida como una herramienta de salud y bienestar.
Y sin embargo… últimamente algo no cuadra.
Tu cuerpo empieza a responder de forma distinta. Donde antes veías progreso, ahora ves estancamiento.
Lo que antes te sentaba bien, ahora te hincha o te agota.
El entrenamiento que te motivaba, ahora te deja tirada el resto del día.
Y lo peor de todo es que no entiendes por qué está pasando si no has cambiado nada.
Este es uno de los momentos más desconcertantes que vive una mujer activa en etapa de menopausia: la sensación de que tu cuerpo “te está fallando” sin motivo aparente. Pero déjame decirte algo muy importante: no es que tu cuerpo te esté fallando, es que está cambiando. Y necesita que tú cambies con él.
Durante la perimenopausia y la menopausia, los cambios hormonales no solo afectan al ciclo menstrual. También impactan en tu metabolismo, tu digestión, tu forma de almacenar grasa, tu capacidad para generar músculo, tu energía, tu estado de ánimo y hasta tu recuperación tras entrenar.
Y esos efectos, aunque naturales, pueden sentirse como una traición a todo lo que habías logrado:
-
Has ganado peso, especialmente en la zona del abdomen, sin cambiar tu alimentación ni entrenamientos.
-
Te cuesta más conciliar el sueño o te despiertas con calor, lo que afecta tu recuperación.
-
Tus digestiones son más lentas o pesadas. Antes podías con cualquier plato, ahora te lo piensas dos veces.
-
Sientes más ansiedad o cambios de humor, y ni siquiera sabes cómo explicarlo.
-
Notas que te falta chispa. La energía que antes te sobraba, ahora hay que buscarla con lupa.
Y como mujer activa, eso te puede tocar ….»muy profundo», por llamarlo finamente.
Porque el deporte es más que físico: es tu refugio, tu válvula de escape, tu forma de cuidarte y sentirte fuerte. Cuando eso también empieza a fallar, aparece la frustración, la inseguridad y hasta el miedo:
“¿Y si ya no vuelvo a sentirme bien?
¿Y si esto va a peor?”
Pero hay algo que no te han contado:
sí hay forma de recuperar el control. Y no pasa por entrenar más ni comer menos.
Pasa por entender y acompañar tu cuerpo en este nuevo ciclo.
No, no es “cuestión de edad”… es cuestión de hábitos
El mayor error que cometemos muchas veces en esta etapa es normalizar el malestar. Escuchamos frases como “es lo que toca”, “esto es la menopausia”, “hay que aguantar”… y sin querer, acabamos resignándonos a vivir con un cuerpo que ya no sentimos como nuestro.
Pero resignarse no es la solución.
De hecho, ignorar estos cambios solo agrava los síntomas:
-
Seguir entrenando igual, sin ajustar intensidades ni tiempos de recuperación, aumenta el riesgo de lesiones, agotamiento y frustración.
-
Mantener el mismo patrón alimentario de siempre (incluso aunque sea saludable), sin revisar lo que tu cuerpo necesita ahora, puede hacer que el metabolismo se ralentice, aumente la grasa corporal y pierdas masa muscular.
-
No priorizar ciertos nutrientes clave, como proteínas de calidad, calcio o vitamina D, puede comprometer tu salud ósea y muscular a medio y largo plazo.
-
Y si a todo eso le sumamos la sobrecarga mental y emocional que muchas mujeres llevan encima, el cóctel está servido: fatiga crónica, pérdida de motivación, ansiedad y una sensación constante de “ir cuesta arriba”.
Todo esto afecta no solo a tu rendimiento, sino también a tu autoestima, tus relaciones y tu bienestar global.
Te aleja de tu versión más fuerte y vital, justo cuando más necesitas estar bien contigo misma.
Y aquí es donde muchas mujeres se sienten perdidas.
Porque no es falta de disciplina.
Ni de ganas.
Ni de esfuerzo.
Es simplemente que nadie les ha explicado cómo acompañar a su cuerpo en esta nueva etapa de forma estratégica y respetuosa.
Tu cuerpo cambia, pero también tus hábitos deben cambiar
La buena noticia es esta:
la alimentación (bien planteada) puede ser tu mayor aliada en la menopausia.
No se trata de hacer una “dieta milagro” (eso JAMÁS te lo recomendaré) ni de vivir contando calorías.
Se trata de crear un plan nutricional adaptado a esta nueva etapa, que trabaje contigo y no en tu contra.
Aquí te explico cómo:
1. Aumentar la proteína… y repartirla bien
A partir de los 40-45 años, perdemos masa muscular más fácilmente si no damos al cuerpo lo que necesita. Por eso, aumentar la ingesta de proteínas de calidad es clave.
Objetivo diario orientativo: entre 1,2 y 1,6 g de proteína por kg de peso corporal.
Por ejemplo, una mujer de 65 kg debería consumir entre 78 y 104 g de proteína al día.
¿Cómo se traduce esto en alimentos reales?
-
Desayuno: 2 huevos + 1 yogur natural → 20 g de proteína.
-
Comida: 120 g de pechuga de pollo + ½ taza de lentejas → 35 g aprox.
-
Merienda: 1 batido con leche y una cucharada de proteína vegetal → 20 g.
-
Cena: 150 g de merluza + verduras al horno → 30 g aprox.
Y algo muy importante: reparte la proteína a lo largo del día, no la concentres solo en la comida o la cena.
2. Aumentar alimentos ricos en calcio y vitamina D
Durante esta etapa aumenta el riesgo de pérdida de densidad ósea, así que el calcio y la vitamina D no pueden faltar.
-
Fuentes de calcio: lácteos (yogur natural, queso curado, leche entera o semidesnatada), sardinas en conserva, almendras, tofu firme, brócoli, espinacas.
-
Objetivo diario: entre 1000 y 1200 mg de calcio.
Ejemplo:
-
1 yogur natural: 150 mg
-
30 g de queso curado: 250 mg
-
1 vaso de leche entera: 300 mg
-
100 g de brócoli: 50 mg
La vitamina D, por otro lado, se obtiene principalmente a través del sol, pero también de alimentos como huevos, salmón, caballa, hígado y lácteos fortificados. En muchos casos, será necesario un suplemento (pero siempre con control profesional).
3. Incorporar grasas saludables
Las grasas no son el enemigo, especialmente en esta etapa. Algunas incluso ayudan a regular las hormonas, proteger el corazón y mejorar la piel.
Incluye a diario:
-
Aguacate
-
Nueces (30 g al día es una ración ideal)
-
Semillas de chía o lino (añádelas a yogures o ensaladas)
-
Aceite de oliva virgen extra (mejor en crudo)
-
Pescados grasos como salmón, sardinas o caballa (2-3 veces/semana)
Debes tener presente que, por saludables que sean, también hay que tener en cuenta su aporte de calorías que, sin ser lo principal, también cuentan. Habrá que ajustarlas a tu actividad diaria.
4. Elegir carbohidratos de calidad (y no eliminarlos)
Eliminar los carbohidratos suele ser uno de los primeros errores. No hace falta quitarlos, sino elegir los adecuados y ajustar cantidades.
Opta por:
-
Copos de avena
-
Arroz integral o basmati
-
Boniato
-
Legumbres
-
Frutas enteras
-
Pan integral de masa madre
Cantidades orientativas:
-
40-60 g de arroz en crudo (1 puñado)
-
2-3 rebanadas de pan al día
-
1 taza de legumbre cocida en la comida
-
1 fruta entera en desayuno o media mañana
Asegúrate de acompañar los hidratos con proteína y grasa para evitar picos de glucosa y mejorar la saciedad.
5. Regular horarios y cuidar tu digestión
Los cambios hormonales también afectan al intestino. Por eso, conviene:
-
Evitar cenas pesadas y tardías.
-
Priorizar comidas fáciles de digerir antes de dormir: sopas, purés, pescado blanco, huevos cocidos.
-
Tomar infusiones digestivas después de comer (jengibre, manzanilla, hinojo).
-
Comer sin prisas, masticando bien.
Consejo: haz 3 comidas «fuertes y proporcionadas» al día, no picotees constantemente. Esto mejora la sensibilidad a la insulina, la digestión y el control de peso.
Y sobre todo: que tu plan nutricional se adapte a ti… no tú al plan
Cada mujer es única.
Tus entrenamientos, tu energía diaria, tus horarios, tu contexto familiar o laboral… todo influye.
Por eso, no hay un único menú perfecto, sino un enfoque ajustado a lo que tú necesitas.
La menopausia no es el final… es una nueva etapa para redescubrir tu fuerza interior
La menopausia no es una línea de llegada. Es una transición. Y aunque venga con desafíos, también es una oportunidad para redefinir cómo te cuidas, cómo te mueves y cómo te alimentas.
No se trata de “volver a ser la de antes”, sino de conectar con la mujer que eres hoy: fuerte, consciente, y con la capacidad de construir un bienestar que dure toda la vida.
Tu cuerpo no te está fallando. Solo te está pidiendo que lo escuches de forma distinta.
Y créeme: cuando lo haces, los cambios llegan.
Mejora tu energía, recuperas tu ritmo, vuelves a sentirte bien con lo que comes, con lo que entrenas y contigo misma. Porque cuando la alimentación y el deporte se adaptan a ti, no hay etapa que te frene.
¿Conoces a alguna mujer que necesite leer esto? Compártelo con ella. Este tipo de información puede cambiar vidas.
Si todavía no trabajamos juntos y sientes que ha llegado el momento de dejar de improvisar, podemos revisar tu caso en una entrevista individual, y diseñar juntas un plan nutricional que se adapte a ti, a tu cuerpo y a tus objetivos. Con calma, con ciencia, y con acompañamiento real.
Referencias Bibliográficas:
-
Raymond, J. L., & Morrow, K. (2020). Krause’s Food & the Nutrition Care Process (15th ed.). Elsevier.
-
North American Menopause Society (NAMS). (2022). Menopause Practice: A Clinician’s Guide.
-
Harvard T.H. Chan School of Public Health. (2023). The Nutrition Source – Protein and Aging.
-
Rizzoli, R. et al. (2014). Management of osteoporosis in postmenopausal women: The 2013 International Osteoporosis Foundation guideline. Osteoporosis International, 25(1), 235–257.
-
Gómez-Campos, R. et al. (2019). Cambios fisiológicos y efectos de la actividad física durante la menopausia. Revista Española de Salud Pública, 93, e201911086.





